domingo, 12 de febrero de 2012

Un segundo


No estás, otra vez no estás.

Y tus promesas salen volando por las ventanas de mi auto, que sigue su curso.

Sola, pensando en todo, reconsidero el pasado tratando de ver el futuro, para no estrellarme.

Por dentro grito, lloro, me parto de dolor.

Intento limpiar manchas que ya no salen, de un vidrio quebrado hace tiempo.

Mientras tanto, a fuera llueve como el día final, y caigo en la cuenta de que mi ultimo deseo, ya no sos vos, ni estas en el.

Y el miedo del final me invade, como un virus, provocando un dolor invisible dentro.

Mi auto no se detiene, porque no se cómo detenerlo, porque nunca lo detuve.

La ruta se extiende frente a mí, y sigo, sola y taciturna…