Cántame
una canción al oído,
tan
suave que mi alma logre descansar
del dolor que una y otra vez lo golpea.
Cántame
una canción de cuna
que
calme mis sentidos, que duerma mi mente,
y
fúndeme en un abrazo,
de
esos que solo me das en sueños,
Ya
no encuentro como volver a vos, estas tan lejos.
Ya
somos casi extraños.
Hay
un sonido que no para en mi cabeza,
hay
tantas palabras,
hay
tanto ruido.
Ojala
el amor bastara para salvarnos,
para
que la razón no lo ahogara todo;
tristeza
sobre tristeza, voy construyendo mi vida,
voy
armando un camino fuerte, pero cerrado;
voy
construyendo un túnel.
No
hay grito que escuches,
ni
dolor que puedas ver,
no
hay palabra que te llegue al alma,
ni
mirada que produzca un cambio,
no
existen para ti los sentimientos,
te
agobia mi mismo cansancio;
impenetrable
como el primer día,
inaccesible
como al comienzo.
Ella
mira a lo lejos, la vista ida, los ojos cansados; mira el camino, y mas allá de
él, mira hacia afuera, tanto como hacia dentro, dentro de si misma, a lo
profundo, al anhelo que se obstina en vivir y revivir, una y otra vez, en
sueños y ensueños.
Las
palabras de él se fueron apagando de a poco, hasta que un día cesaron por
completo, le ganó el cansancio, y dejó de sentir; ella prometió que esperaría,
en solitario, desde el silencio, lejos de él.
Todo
es incierto, y temible…
