No
se explica aquello de lo que no se habla;
Basta
mirarse, y no nos miramos,
Al
menos una palabra bastaría, pero no es dicha.
Otras
fuerzas nos dominan, y nos llevan, y nos traen de regreso.
Las
ansias de mas, la mente en fuga, la noche callada, predispuesta,
El
lento vaivén de las hojas, cayendo de los árboles,
Tu
aroma embriagando mis sentidos,
Y yo
caigo, y caigo,
Y
caigo…
Y soy
de pronto esa hoja, y no opongo resistencia,
Y aunque
muera (yo lo sé),
¡Que
mas quiero que caer!
Llévame
mas cerca, se mi aire y el cielo, se mis
ojos…
Ríen
las musas tontamente, y me susurran palabras vanas,
De
mieles, de almibares en los labios, de perfumes exquisitos en la piel,
Del
tacto, a la vez tenue e intenso…
Y con
gusto escribiría vanidades,
Si
no vinieran desde dentro, desde el centro mismo
De
las fuentes que alimentan el profundo sentir.
Lentamente,
voy cayendo en el disfrute,
Del
milagro restaurado,
Que
me regala días como estos,
En
los que dejo de pensar
(mi
propia y peor enemiga, la razón),
En
los que vuelvo a creer, y a amar,
A dejarme
llevar…
