Ya no me digas que me quieres, ya no me digas que me amas, de que me sirven tantas palabras, si con los hechos cada día me dejas mas y mas sola.
Tu serenidad me destruye; es más por lo que omites que por lo que dices.
Y ya no tengo miedo, si tengo que hacerlo, lo voy a hacer sin miramientos ni omisiones. Y que sea lo que deba ser, lo que siempre debió ser
Y entonces se va a apagar hasta tu ultima luz en mi camino, y, lo sé, me encontrare perdida un tiempo, pero la luz siempre volvió a mí, y volverá otra vez.
Otro será mi luz, yo seré mi propia luz, todo será mi luz…