Hoy estaba pensando en ti,
y como si leyeras mi mente a la distancia,
como si presintieras lo que siento, me llamaste al instante...
Cuanta alegría al escucharte,
cuanta dicha por tan simples palabras.
Ya no hay penas, ya no hay nada,
todo un mundo deja de girar...
Beso en mi mente tus verdes ojos,
me sumerjo sin miedos en ellos...
tu eres mi mar y yo tu noche, al menos en sueños.
Todo un sin fin de sentimientos
se fundieron en un lento vaivén,
en un abrazo desinteresado de banalidades carnales;
secreta ceremonia
realizada bajo un manto de ternura y delicados suspiros.
Termina la música,
y despierto en mi cama, y tu en la tuya,
distanciados por un mundo.
Somos ahora dos, recostados,
pensando en un mismo sueño,
en una misma noche de pactos que jamás serán revelados,
que morirán con nosotros,
al llegar el día, al salir el sol...
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