Dulce ignorancia, divina falta de saber.
Si tapo mis oídos,
Si ves que los cubro con firmeza con ambas manos;
Si callo y no respondo, y miro hacia la nada,
Ignorando tus palabras,
Por qué insistes entonces en continuar?
Por qué quieres revelerme los misterios?
Por qué tu afán de develar mis secretos,
Desenterrar los fantasmas,
Encontrar perdidos recuerdos,
Sumidos en lo mas negro de la negación...
Siempre tú, solo tu; ángeles ávidos de conocimiento.
Si no te es extraña mi mente,
Si conoces como lo haces cada una de mis heridas,
Y como duelen esos días
En los que gente como uno muere de angustia;
Si me miras y sabes, si me oyes y sabes,
Si entiendes mis silencios, porque también son los tuyos,
Al igual que las heridas, al igual que el sufrir,
Y que los tormentosos pensamientos;
Por qué me miras, entonces, de tal forma,
Cómo sin entender?
Por qué preguntas lo que ya sabes?
Por qué hurgas en las llagas de mi alma?
Por qué cuestionas mis acciones,
Y mis silencios, y mis palabras, y mis miradas...
Y desapareces sin explicación, y me ahogas en tus vacíos.
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