martes, 20 de marzo de 2012

Nuevo...


Miro lo profundo de tus ojos, con la leve sospecha de estar viendo algo que nunca nadie vio, algo oculto, guardado solo para mí. Como si me hubiesen esperado siempre, tus ojos y vos, y yo a vos y a tus ojos.


Mirándote, como si fuese la última vez; memorizándote ante el miedo del fin y el olvido. El alma oprimida, estremecida, como quien cae por un precipicio, sin saber a ciencia cierta si el paracaídas va a abrirse. El pecho adolorido con cada bocanada de aire, tomada ante las palabras mas duras.


Te veo sufrir igual que yo, te veo marearte entre palabras que no tienen sentido, dándole vueltas ambos, a esa idea del deber; deber que rechaza todo el cuerpo, por dentro y por fuera, se niega a aceptar el fin definitivo, la privación, la agonía de saber, que después de vos, ya no hay nada.


Tu boca se precipita a la mía; mi boca teme y huye…
Tus manos por fin encuentran las mías, rozándolas suavemente; mis manos se esconden en mi pelo…


En mi cabeza escucho un chasquido, algo que se coloca en su lugar, como caído del cielo, y ya no hay nada más que hacer, ya no hay nada mas que el deseo irrefrenable de tenerte, de arriesgarme.


Soy feliz con vos.
Sos feliz conmigo.
Seamos felices juntos.


Tus manos agarran fuerte las mías, y mis manos no se apartan.
Tu boca se acerca la mía, y mi boca, añorante, corre a su encuentro!

No hay comentarios: