de tristeza por la muerte de aquel que no fue.
Y saldré a matarme un poco cada vez,
ahí donde otros ahogan su dolor,
queriendo olvidar por lo que el momento dure.
En labios ajenos, en alcohol por demás,
en bailes frenéticos,
en cuerpos ajenos igual de desesperados.
Y morirán en mi boca y en mi pecho,
las dos palabras de Alfonsina,
y seguiré repitiendo que no volverá,
y trataré de convencerme que es lo mejor,
y me diré que lo peor ya pasó,
que solo resta seguir;
y me sorprenderá, entonces,
el brillo en mi cara de otra lágrima,
que sin permiso se escapa,
y cae muerta al suelo...
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