sábado, 13 de abril de 2013

Mi tío


   Ojos tristes y hablador. Gran aleccionador de lo que no se debe hacer. De carcajada fácil  de insulto rápido y miradas mas que fuertes. Las miradas de mi tío lo decían todo, sin siquiera una palabra. No supo estar en la vida de nadie, porque no supo como encarar la propia; jamas se hizo cargo de nadie, y sin embargo, de alguna forma, él estaba siempre a cargo de todos. 
   Y así murió mi tío, junto a unos sobrinos que le rezaban junto a su lecho de enfermo, y una hermana menor que lo cuidó hasta el último instante, hasta dar el último suspiro. Así murió mi tío, y lo enterramos entre mas de treinta hermanos, que sin conocerlo, que sin dudarlo, ni pensar si merecía o no ser despedido, le cantaron de principio a fin en la cama última. 
   La sangre no lo es todo, y de nada sirve el rencor al final de una vida que termina con dolor.
   Y escribo sobre mi tío, porque creo que alguien debería hacerlo, porque siento que necesito hacerlo. No, nadie diría en su funeral lo bueno que fue, o como lo extrañarían todos; pero si veríamos todos, que todo hombre ante la tumba, teme y desespera ante la soledad, y se vuelve a Dios, y Dios a todo hombre perdona, y que ningún hombre, debería morir solo, ninguno, y que sobre toda tumba, debería haber una cruz, con un nombre inscripto...
   Hable con mi tío antes de que muriera; entre delirios y balbuceos, entre sus intentos por levantarse y seguir viviendo, y mis intentos de calmarlo, pude hablarle así:
   -Tranquilo tío, acá estoy.
   -¿Vos te quedas conmigo?
   -Sí tío, acá me quedo.
   -Entonces yo me quedo con vos.
   Y mi tío, cerro los ojos, y durmió un rato mas.


* G E R A R D O  C A R R A N Z A *

...En paz descanse...

Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo.

No hay comentarios: