Lagrimas de sangre
otra vez sobre la almohada;
¿para qué la piedad
con el que clava la daga?
Seré mi escudo y resguardo
contra el desconocido
que amenaza y roba
mi paz en segundos.
Ángel y demonio,
las dos caras enfrentadas.
La paz y la tragedia
conviven y batallan.
Insomnio sobre insomnio
me amenaza la locura,
me grita la agonía
que aprieta desde el pecho.
Intento la cabeza levantar,
intento las fuerzas recobrar,
pero un pie siempre me empuja
hasta el suelo y al duelo.
Soy cenizas, soy despojo,
soy escombros,
no valgo, ni peso,
¿el esfuerzo de qué vale?
No me salen de la boca
tantos gritos juntos,
y me ahogo en ellos,
y en lagrimas calladas.
Muerdo otra vez
el alimento de la desdicha,
por palabras escritas
por un desconocido, y a lo lejos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario