Una fiesta en un teatro repleto de gente saltando, cantando, gritando, gente alegre de estar y del momento de juerga; y entre todos, yo. Y también salto, y grito, y bailo, y me olvido, como todos, de mis problemas por un rato. Al llegar a la puerta me volverán a atacar, pero mientras tanto, disfruto la inconsciencia colectiva.
Algún sinombre se me acerca casi como salido de la nada, y me habla. Estoy sola, e inconsciente, en una fiesta llena de gente desconocida... Le contesto, por qué no?
Muy agradable, sinombre me charla casi durante toda la velada, colaborando en mi amnesia temporal y el divertimento propio del momento.
Para la música... Ya nadie baila, ni canta, ni juega, ni salta, ni grita. Todos se disponen a salir con sonrisas en sus rostros, y, otra vez, entre todos ellos, yo. Entonces recuerdo a sinombre a mi lado. Le estiro mi mano:
- Un placer conocerte, sinombre.
Detrás de sus lentes, sus ojos se muestran extrañados, pero la toma:
- Igualmente.
Se mueve hacia mi, y me besa en los labios; respondo al beso, cuento hasta diez, y me voy sin mirar atrás.
Emprendo mi camino de regreso, con el sinsabor en la boca, y en el cuerpo clavada la certeza, de que ningún beso va a volver a significar algo, de que mi boca es como un arcón sellado, que ya no acepta a nadie.
Contra las paredes de mi mente se disparan mil recuerdos de nuestros besos, me desangro, grito, lloro, le imploro a Él con la vista en el cielo que me salve, o que me mate...
Bajo la mirada, y sigo adelante. Soy solo una mas que camina, sin ser vista ni escuchada...
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