Se me van de la vista para siempre
Serían eternos moradores de mi vida.
Y soy el ave que no emigra,
Que se queda, y aguanta el frío
En la soledad de sus días.
Cada vez mas lejos, mas doloroso,
Vuelan las partes de mi corazón,
Y mi pecho se va quedando vacío,
Y mi alma sola,
Y mis labios sellados,
Mudos…
Ya no hay quien sofoque este frío
Ni quien ahuyente las tristezas que me acosan;
No hay raíz que me sostenga,
Nada me arraiga, nada me echa de menos.
¡Qué quede para siempre
Varada mi alma en este invierno!
Soy sola, soy llanto, soy tristeza,
Un suspiro dado, y olvidado al instante.
Y ahora… es momento de partir.
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