jueves, 12 de septiembre de 2013
A la fuerza de seguir
Una tibieza que espanta a cualquier mortal
se apodera de mi vida y de este amor.
Mil palabras que no se dicen, porque el silencio
solo daña a quien carga con los secretos.
La caja de los fantasmas que llevo, golpea cada tanto,
y la hago callar por el bien de otros.
Gritó un desconocido, y, al mirarlo fijo,
me vi en ese rostro deformado.
Fue sembrada, quien sabe cuando,
la insatisfacción en mi pecho; y creció allí.
Quién sabe dónde quedó toda mi pasión,
quién sabe si tuvo él, algún día, pasión.
Veo a la aves que vuelan, que emigran,
y en mi mente, me voy con ellas, y emigro también.
Un grito se va ahogando en mi pecho,
no puede respirar mi alma, mi espíritu.
La realidad va ahogando mi poesía;
a la rutina le vendo por partes mi alma.
Todo voy dejando atrás, a un lado,
todo, por ganar una vida mas blanda.
Dejaré morir mis anhelos,
y seré, entonces, una mas del montón...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Muchas veces me he preguntado ¿qué es tener aire, para el alma? tal vez la respuesta pueda variar según dónde estemos parados, pero entiendo que siempre uno tiene que respetarse... para no silenciarse, para no rutinarse, para no lastimarse, para no perderse, para no olvidarse, para amar sin rejas. Aunque tengamos adentro tristeza, pobreza, delirio, bronca, sueños inalcanzables, idealizados, infantiles.. no importa qué, ni cuánto de cada uno... no te vayas en el vuelo de ningún ave.
El día que emigres, que sea por felicidad.
Te abrazo, linda poeta!
Publicar un comentario